(*) por Claudio Tristán Corrí toda clase de pruebas, desde las clásicas pruebas de barrio hasta aquellas multitudinarias. Crucé la meta en desafíos de larga distancia como maratón; triatlón e innumerables pruebas combinadas. A lo largo de estos años en el deporte, sufrí la falta de organización y control, es por eso que siempre me pregunté como hacen en el Maratón de Nueva York para que todo salga bien a pesar de contar con 40 mil inscriptos, una cifra que supera lo imaginable para quienes competimos en la Argentina.Este año me saqué la duda ya que corrí los famosos 42 kilómetros de la Gran Manzana y puedo garantizarles que son todo un éxito. No es obra de la casualidad, tampoco hay una única razon, se trata de un proceso bien aceitado cuyos engranajes aquí les cuento: Largada: increíblemente ordenada, en tres olas con separación de veinte minutos entre una y otra con tres carriles cada una que estaban diferenciados por color y cinco corrales cada carril. Con una puntualidad impresionante, largamos en tandas de un máximo de 6 mil corredoresmientras un solista cantó el himno de los Estados Circuito: muy bueno pero exigente con subidas, lo terminé en 3h08m14s, mientras en junio completé el Maratón de Rosario en 2h58m03s. Es entretenido, especialmente para quienes no son neoyorquinos ya que atraviesa los cinco puntos principales de la cudad como Staten Island, Brooklyn, Queens, Bronxs y Manhattan con llegada en pleno Central Park. La medición del GPS me marcó 42,756 kilómetros. El corte de tránsito y el vallado son inmejorables. Si bien había chips como los que se utilizan en las carreras argentinas, en Nueva York cuentan con más de una decena de sensores instalados a lo largo del recorrido que marcan los parciales y detecta a quienes hacen trampa cortando camino. Hidratación: más que suficiente, te ahogan en agua mineral y bebida isotónica ya que tienenun puesto de abastecimiento cada dos kilómetros. Hay una mesa de hidratación a cada lado de la acera, derecha e izquierda, evitando las aglomeraciones. En el kilómetro veintiséis reparten esponjas y cuatro kilómetros más adelante te dan geles. Expo Maratón: es enorme, estaban todas las marcas de zapatillas e indumentaria deportiva junto con las mejores firmas de relojes; cronómetros; pulsímetros y GPS’s y stands promocionando maratones de diferentes estados norteamericanos e incluso de otros países. Ambiente generado por el público y la organización: los espectadores están en todos lados y te generan un apoyo por momentos ensordecedor dado que gritan a más no poder, soplan cornetas, agitan campanas, tocan tambores y despliegan banderas y pancartas. Durante el recorrido te cruzás con cincuenta bandas musicales de todo los estilos que van del jazz y el rock en todas sus variantes, pasando por el rap, el gospel y un conjunto de niños y adolescentes que en el décimo kilómetro tocaron el tema de la película Rocky que me resultó muy motivador. Cualquier persona vinculada a la carrera, ya sea médicos, voluntarios, policías o planilleros, tiene una palabra de reconocimiento al esfuerzo sin importar el tiempo en que llegaste. Las frases como Good Job (buen trabajo) y Congratulations (felicitaciones) estuvieron a la orden del día. Como conclusión puedo asegurar que los 42 kilómetros de Nueva York son EL maratón y hacen que valga la pena de todo el esfuerzo económico; logístico y de entrenamiento que demandan. Es una experiencia inolvidable que ojalá todos los maratonistas de alma pudieran experimentar. (*) por Claudio Tristán

Unidos como preludio del New York, New York entonado por Frank Sinatra. La organización ofrece transporte al punto de largada y hay tres lugares distintos para abordar el servicio. Al llegar al punto de inicio, además de centenares de baños químicos y más de setenta guardarropas móviles con capacidad para mil bolsos cada uno, había undesayuno colectivo que incluía té; café; roscas; barras energéticas; bebida isotónica; agua mineral; frutas; geles y tostadas. Todo está tan bien organizado que nadie se quedó sin comer o tomar algo, ni siquiera hubo que hacer cola para servirse.Kit del corredor: remera técnica alegórica de la carrera; bolsa para el guardarropa movil; folletos, productos promocionales y un chip muy novedoso porque es una cinta plástica llamada D-Tag que es descartable ya que no se devuelve. Increíble pero real, retirar el kit me insumió menos de cinco minutos. Cuando crucé el arco de llegada me cubrieron con una manta de aluminio mientras me daban más agua; bebida isotónica; frutas; almendras y barras de cereales. La medalla finisher es hermosa; grande y dorada con un diseño que resalta el 40º aniversario de la carrera.
Marplatense radicado en Córdoba donde integra el equipo H30 que dirige la entrenadora Elisa Lapenta, este esposo y padre de criaturas de veintitrés y veintiún años es un melománo del rock sinfónico que atesora discos de la banda Yes pero también colecciona medallas finisher en desafíos como el triatlón IronMan de Brasil; el IronLago de Chajarí; el Maratón de La Pampa e infinidad de carreras de larga distancia.Apasionado por las pruebas combinadas, se volcó al atletismo debido al escaso tiempo libre de su agenda laboral como gerente regional del Correo Argentino.